Elisabet Ros

¿Por qué vuelve el dolor de una pérdida después de muchos años?

A veces creemos que una pérdida ya forma parte del pasado. Han transcurrido muchos años, hemos continuado con nuestra vida, hemos vivido nuevas experiencias y, quizá, hemos aprendido a recordar a esa persona, esa mascota, esa situación…sin sentir el mismo dolor de los primeros tiempos.

Sin embargo, un día algo cambia.

Una fecha, una conversación, una fotografía o una situación que nos habría gustado compartir con quien ya no está pueden hacer que una antigua ausencia vuelva a hacerse presente. También puede ocurrir al atravesar una nueva etapa de la vida, como convertirnos en padres, alcanzar una determinada edad o vivir otra pérdida.

Entonces pueden surgir preguntas como: «¿Por qué vuelve ahora este dolor?», «¿Por qué sigo llorando después de tantos años?» o «Significa esto que no hice bien el duelo?»

Cuando el duelo vuelve después de años, es fácil pensar que hemos retrocedido. Sin embargo, quizá podamos acercarnos a esta experiencia desde otra perspectiva. Nuestra vida no permanece inmóvil y nosotros tampoco. Seguimos cambiando, creciendo y atravesando nuevas situaciones que pueden transformar la manera en que comprendemos nuestra propia historia.

¿Es normal que el duelo vuelva después de muchos años?

No todas las pérdidas desaparecen de nuestra experiencia con el paso del tiempo. A veces, simplemente, dejan de ocupar el mismo lugar y aprendemos a convivir con ellas mientras la vida continúa.

Pero continuar con la vida no significa que una ausencia no pueda volver a emocionarnos.

Hay experiencias que adquieren un significado diferente con los años. Quizá una persona vuelva a sentir intensamente la ausencia de su padre al convertirse ella misma en madre o padre. Alguien puede echar especialmente de menos a su pareja en un momento importante que habían imaginado compartir. Incluso llegar a la edad que tenía una persona cuando murió puede despertar recuerdos y preguntas que hasta entonces no habían aparecido.

En estos momentos, el dolor de una pérdida puede volver a hacerse presente, no necesariamente porque el duelo estuviera mal hecho, sino porque estamos viviendo algo nuevo desde lo que volvemos a mirar una historia antigua.

Ningún duelo está completamente separado de nuestra historia

Cada pérdida ocurre en un momento concreto de nuestra vida. Cuando aquella persona murió o cuando atravesamos una separación importante, también estaban sucediendo muchas otras cosas.

Quizá estábamos cuidando de nuestros hijos, atravesando dificultades familiares, comenzando un trabajo o sosteniendo responsabilidades que no podían esperar. Tal vez contábamos con pocas personas con quienes compartir lo que sentíamos. O simplemente hicimos lo que pudimos con los recursos que teníamos entonces.

Por eso, cuando una antigua pérdida vuelve a hacerse presente, puede ser interesante preguntarnos no solo qué ocurrió, sino también qué momento estábamos atravesando nosotros cuando ocurrió.

¿Quiénes éramos entonces? ¿Qué estaba sucediendo en nuestra vida? ¿Qué espacio tuvimos para detenernos? ¿Qué emociones pudimos expresar y cuáles quizá tuvieron que quedar en un segundo plano?

Estas preguntas no pretenden encontrar errores en nuestra manera de vivir el duelo. Pueden ayudarnos, simplemente, a comprender que cada experiencia de pérdida forma parte de una historia mucho más amplia.

Cuando una nueva pérdida despierta recuerdos del pasado

No hay duelos completamente puros o aislados.

Una pérdida reciente puede despertar el recuerdo de otras personas que ya no están. Una separación puede conectarnos con antiguas despedidas. Incluso una situación que aparentemente no tiene relación con el pasado puede abrir de nuevo una emoción que creíamos perteneciente a otra etapa de nuestra vida.

A veces no resulta fácil saber cuánto de lo que sentimos pertenece a lo que está ocurriendo ahora y cuánto conecta con experiencias anteriores.

Desde una mirada transpersonal, podemos entender que nuestra historia está formada por diferentes experiencias que, en determinados momentos, vuelven a relacionarse entre sí. Lo que vivimos no queda guardado en compartimentos cerrados. Algunas experiencias permanecen en nosotros y pueden adquirir nuevos significados a medida que continuamos viviendo.

Esto no significa que tengamos que buscar una explicación oculta para todo lo que sentimos. Pero quizá podamos observar con curiosidad qué recuerdos aparecen y qué aspectos de nuestra historia se hacen presentes junto al dolor actual.

¿Significa que no hice bien el duelo?

Esta es una de las preguntas que puede aparecer cuando el duelo que reaparece años después nos sorprende por su intensidad.

Podemos haber vivido y elaborado una pérdida y, aun así, descubrir años después aspectos de aquella experiencia que ahora podemos comprender de otra manera.

Quizá en aquel momento hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Pero puede que determinadas emociones, preguntas o circunstancias no pudieran ser atendidas del mismo modo. No porque hiciéramos algo mal, sino porque entonces éramos otras personas y nuestra vida era diferente.

El paso del tiempo no solo aleja los acontecimientos. También nos transforma.

Y quizá, desde la persona que somos hoy, tengamos la oportunidad de volver a mirar una situación pasada con nuevos recursos y una comprensión más amplia.

Volver a una pérdida para revisar aquello que no pudo ser integrado

El propósito del duelo no es olvidar ni borrar una experiencia de nuestra historia. Tampoco consiste en encontrar necesariamente algo positivo en aquello que hemos perdido.

Podemos entender el duelo como un proceso que nos permite, poco a poco, integrar una experiencia que ha transformado nuestra vida y continuar viviendo.

A veces esa integración necesita tiempo. Y quizá algunos aspectos de una pérdida solo pueden ser acogidos cuando nuestra vida se encuentra en otro momento.

Cuando el dolor vuelve, tal vez no sea necesario intentar expulsarlo inmediatamente ni pensar que estamos retrocediendo. Podemos preguntarnos si existe algún aspecto concreto de aquella situación que ahora necesita ser revisado.

Tal vez una emoción que entonces no pudimos expresar. Una conversación que nunca tuvo lugar. Una circunstancia que ahora comprendemos mejor. O simplemente una parte de nosotros que, con el paso de los años, puede mirar lo ocurrido desde otro lugar.

Volver a mirar una pérdida no significa quedarse atrapado en el pasado. Puede ser una oportunidad para completar un poco más la integración de una experiencia que ya forma parte de nuestra historia.

Acoger aquella historia desde la persona que somos hoy

No podemos volver atrás y cambiar lo que ocurrió. Pero sí podemos acercarnos a esa historia desde quien somos ahora.

Con los aprendizajes, las experiencias y los recursos que hemos ido adquiriendo durante estos años. Quizá hoy podamos comprender mejor a la persona que éramos entonces y reconocer que, en aquel momento, hicimos lo que pudimos.

También podemos descubrir nuevas preguntas. No siempre encontraremos respuestas, pero algunas experiencias no necesitan resolverse por completo para poder ser acogidas.

Desde una mirada más amplia, quizá podamos reconocer que nuestra relación con una pérdida también puede seguir transformándose.

La persona que perdimos continúa formando parte de nuestra historia, pero nuestra relación con su ausencia puede cambiar. Y nosotros podemos continuar creciendo alrededor de aquello que vivimos.

El duelo tiene el propósito de integrar la pérdida y continuar con la vida

Quizá esta sea una de las ideas más importantes cuando hablamos de duelo años después.

Integrar una pérdida no significa olvidarla, dejar de amar o conseguir que nunca vuelva a doler. Significa permitir que aquello que hemos vivido encuentre un lugar dentro de nuestra historia sin quedar detenidos permanentemente en el momento en que ocurrió.

Podemos recordar a alguien, echarlo de menos en determinados momentos o sentir tristeza ante una nueva circunstancia y, al mismo tiempo, continuar estableciendo vínculos, descubriendo nuevos intereses y abriéndonos a las experiencias que todavía nos esperan.

Cuando el dolor vuelve, quizá no estamos retrocediendo

No siempre sabremos por qué una pérdida vuelve a hacerse presente precisamente en un determinado momento.

Pero quizá podamos detenernos y preguntarnos: ¿Qué está ocurriendo ahora en mi vida? ¿Qué ha despertado este recuerdo? ¿Hay algo de aquella experiencia que hoy puedo mirar de una manera diferente?

Tal vez el dolor que vuelve después de muchos años no sea una invitación a regresar al pasado, sino una oportunidad para integrar con mayor amplitud una parte de nuestra historia.

A veces significa que seguimos vivos, que continuamos cambiando y que nuestra historia también puede seguir encontrando nuevos significados.

Y quizá, al acoger aquello que vuelve desde la persona que somos hoy, podamos seguir integrando la experiencia de la pérdida en nuestra vida, no para quedarnos en ella, sino para continuar caminando hacia todo lo que todavía está por vivir.

Elisabet Ros · Terapeuta Transpersonal y especialista en duelo y pérdida