Elisabet Ros

Duelo y vacaciones: cuando el descanso despierta lo que el día a día mantenía en silencio

«Pensé que las vacaciones serían una buena idea porque estoy en duelo, pero me siento peor.»

Hace unos días una clienta me compartió esta frase durante una sesión y pensé en cuántas personas podrían sentirse identificadas con ella. Existe la idea de que las vacaciones son un tiempo para descansar, desconectar y recuperar fuerzas. Sin embargo, cuando estamos atravesando un duelo, ese descanso no siempre trae el alivio que esperamos. En ocasiones ocurre precisamente lo contrario: al disminuir el ritmo y desaparecer las exigencias cotidianas, comienzan a aparecer emociones que hasta ese momento habían permanecido en un segundo plano.

Esta experiencia suele generar desconcierto. La rutina diaria, con sus horarios, responsabilidades y compromisos, ofrece una estructura que sostiene en cierta medida el proceso. Cuando esa estructura desaparece, el dolor encuentra más espacio para manifestarse. No significa que el duelo se haya intensificado de repente ni que estemos haciéndolo mal; simplemente, hay más silencio para escuchar aquello que llevaba tiempo esperando ser atendido.

¿Por qué el duelo puede hacerse más presente durante las vacaciones?

A lo largo del año solemos vivir inmersos en un ritmo que deja poco margen para detenernos. El trabajo, la familia, las obligaciones o incluso las pequeñas tareas cotidianas ocupan buena parte de nuestra atención. Aunque en muchas ocasiones esta actividad constante resulte agotadora, también cumple una función importante: organiza el día, proporciona cierta estabilidad y ayuda a que la mente no permanezca continuamente centrada en la pérdida.

Cuando llegan las vacaciones, ese equilibrio cambia. Aparecen horas vacías, desaparecen muchos estímulos externos y dejamos de contar con la estructura que, sin darnos cuenta, nos ayudaba a sostenernos. Es entonces cuando pueden aflorar la tristeza, la nostalgia, la ansiedad, la sensación de vacío o recuerdos que parecían estar más calmados. Lejos de ser una señal de debilidad o de un retroceso, esta mayor conexión con las emociones forma parte del propio proceso de adaptación a la pérdida.

Cada duelo tiene su propio ritmo y no responde al calendario. Sin embargo, hay momentos del año que, por su significado emocional, actúan como amplificadores de lo que estamos viviendo. Las vacaciones son uno de ellos.

Un verano que ya no se parece al de antes

El verano suele estar lleno de recuerdos. Son meses asociados a los viajes, los encuentros familiares, las comidas compartidas, los paseos, las tardes en la playa o los lugares que durante años formaron parte de nuestra historia con quienes queríamos. Cuando esa persona ya no está, muchas de esas experiencias dejan de vivirse de la misma manera.

Quizá sea el primer verano tras la pérdida y todo resulte extraño. Puede que hayas decidido volver a un lugar especial y descubras que la ausencia se hace especialmente evidente. O quizá prefieras no hacerlo porque todavía sientes que no estás preparado. Cualquiera de estas respuestas es válida.

Las fechas señaladas no crean el dolor, pero sí despiertan la memoria emocional. Los espacios, los olores, la música o determinados paisajes tienen la capacidad de conectar con experiencias significativas. Por eso, es normal que durante las vacaciones aparezcan lágrimas inesperadas o momentos de una intensa nostalgia. Significa que tu corazón continúa reorganizándose alrededor de una realidad que todavía está aprendiendo a integrar.

Permitirte vivir las vacaciones a tu manera

Vivimos rodeados de mensajes que presentan el verano como una época en la que deberíamos ser felices, viajar, aprovechar cada momento y regresar con la sensación de haber desconectado por completo. Cuando estamos en duelo, estas expectativas pueden convertirse en una fuente de presión añadida. A veces sentimos que deberíamos encontrarnos mejor porque tenemos más tiempo libre o porque hemos cambiado de escenario, cuando en realidad el dolor no entiende de destinos ni de estaciones.

Quizá este año no tengas energía para hacer grandes planes. Tal vez necesites descansar más de lo habitual, pasar tiempo a solas o reducir el número de compromisos sociales. También puede ocurrir que disfrutes de determinados momentos y que, al mismo tiempo, la ausencia siga estando muy presente. Ambas experiencias pueden convivir sin que una invalide a la otra.

Aceptar que este verano será diferente no significa renunciar a la vida. Significa dejar de compararte con lo que hacías antes o con lo que hacen los demás para escuchar con mayor honestidad aquello que realmente necesitas en este momento.

Pequeñas estructuras que pueden ayudarte a sostener este tiempo

Aunque las vacaciones inviten a romper con los horarios habituales, muchas personas encuentran alivio cuando conservan algunos pequeños puntos de apoyo durante el día. No se trata de llenar la agenda para evitar pensar, sino de crear una rutina sencilla que aporte estabilidad y favorezca el autocuidado sin caer en la exigencia.

Comenzar la mañana con un paseo tranquilo o con algo de ejercicio suave ayuda a despertar el cuerpo y regula el nivel de activación emocional. Pasar tiempo en la naturaleza suele ofrecer una sensación de calma difícil de encontrar en otros entornos, recordándonos que todo en la vida sigue un proceso y que los cambios forman parte de un ciclo mucho más amplio.

También puede ser un buen momento para escribir. No con la intención de encontrar respuestas inmediatas, sino como una forma de dar espacio a pensamientos, recuerdos y emociones que necesitan expresarse. Del mismo modo, leer un libro sobre el duelo, escuchar un pódcast o asistir a una charla puede aportar comprensión y disminuir esa sensación de estar viviendo algo que nadie más entiende.

El descanso merece un lugar importante durante este tiempo. El duelo supone un gran desgaste físico y emocional, aunque desde fuera no siempre sea visible. Dormir más, reducir el ritmo o permitirse momentos de tranquilidad no es una pérdida de tiempo; es una manera de cuidar un organismo que está realizando un enorme trabajo de adaptación.

La alimentación, el contacto con el sol, un baño en el mar, un río o un lago, o simplemente caminar descalzo sobre la tierra son gestos sencillos que favorecen una mayor conexión con el presente. A ello puede sumarse algún pequeño ritual simbólico utilizando elementos de la naturaleza, como una piedra, una flor o una vela. No porque exista una fórmula capaz de aliviar el dolor, sino porque los símbolos nos ayudan a expresar aquello que las palabras muchas veces no alcanzan a decir. Honrar la ausencia también es una forma de reconocer el amor que permanece.

Cuando el duelo transforma nuestra manera de vivir

Desde una mirada transpersonal, el duelo no consiste únicamente en aprender a convivir con una pérdida. Con el paso del tiempo, también puede convertirse en una invitación a revisar nuestra relación con la vida, con el amor y con nosotros mismos. La ausencia rompe muchas certezas y cuestiona la imagen que teníamos del futuro, pero precisamente por ello abre la posibilidad de descubrir nuevos significados que antes permanecían ocultos bajo el ritmo acelerado de lo cotidiano.

No se trata de buscar un aprendizaje en medio del sufrimiento ni de pensar que todo ocurre por algún motivo. Hay pérdidas que nunca dejarán de doler y respuestas que quizá nunca lleguen. Sin embargo, cuando dejamos de luchar contra la experiencia y comenzamos a mirarla con mayor apertura, puede aparecer una comprensión más profunda sobre aquello que realmente tiene valor.

La naturaleza nos recuerda constantemente que toda transformación necesita tiempo. Ningún árbol florece durante todo el año, ninguna estación permanece para siempre y ninguna semilla germina antes de estar preparada. Nosotros también atravesamos nuestros propios ciclos. El duelo forma parte de ellos y, aunque durante un tiempo todo parezca detenido, la vida continúa moviéndose silenciosamente en nuestro interior.

Si estas vacaciones te han removido más de lo que esperabas, no pienses que estás retrocediendo. Quizá simplemente has encontrado un espacio donde tu corazón puede expresar aquello que durante meses necesitó mantenerse en silencio para seguir adelante. Por favor, escúchate con amabilidad, respeta tu ritmo.

Escrito por Elisabet Ros

Terapia transpersonal · Duelo y pérdida