Elisabet Ros

El duelo y la historia familiar: una mirada transgeneracional para comprender lo que vivimos

Cuando atravesamos una pérdida o un momento vital especialmente delicado, es natural que nuestra atención se centre en aquello que acaba de suceder. La muerte de una persona querida, una ruptura de pareja, la pérdida de un trabajo, un cambio importante en nuestra vida, una enfermedad o el final de una etapa pueden situarnos ante una realidad para la que, en ocasiones, no nos sentimos preparados.

Cada proceso de duelo es único y está condicionado por muchos factores: el vínculo que teníamos con aquello que hemos perdido, las circunstancias en las que se ha producido la pérdida, nuestro momento vital y también nuestros propios recursos para afrontar lo que estamos viviendo.

Sin embargo, durante algunos procesos de duelo pueden aparecer recuerdos, emociones o formas de afrontar el dolor que parecen conectar, de alguna manera, con una historia más amplia. A veces descubrimos que determinadas experiencias familiares, pérdidas anteriores o maneras de relacionarnos con la ausencia forman parte del contexto desde el que vivimos nuestra propia experiencia.

Esto no significa que la pérdida actual sea consecuencia de nuestro pasado familiar ni que todo aquello que vivimos tenga una explicación en las generaciones anteriores. La experiencia humana es mucho más compleja. Pero sí podemos reconocer que nadie llega al mundo aislado de una historia. Todos pertenecemos a una red de vínculos y experiencias que nos preceden y que, de diferentes maneras, también han contribuido a configurarnos.

Desde una mirada transpersonal y transgeneracional, acercarnos a nuestra historia puede ayudarnos a ampliar la comprensión de lo que vivimos, sin restar importancia a nuestra experiencia presente ni buscar explicaciones cerradas para nuestro sufrimiento.

Nuestra historia personal también forma parte de una historia familiar

Nuestra vida comienza mucho antes de que podamos recordar nuestros primeros años. Nacemos dentro de una familia, una cultura y un contexto determinados y, desde pequeños, vamos aprendiendo, muchas veces sin que nadie nos lo explique directamente, qué significado tienen determinadas experiencias y cómo se afrontan las dificultades.

Recibimos valores, creencias y formas de entender la vida, pero también aprendemos cómo se expresa el dolor, qué emociones pueden mostrarse y cuáles tienden a permanecer en silencio.

Hay familias en las que se habla con naturalidad de las personas que han muerto y otras en las que determinados acontecimientos apenas se mencionan. Algunas personas han crecido viendo cómo sus padres pedían ayuda o compartían sus dificultades, mientras que otras aprendieron que había que continuar, ser fuertes y no detenerse demasiado en aquello que dolía.

Estas experiencias no determinan por completo quiénes somos ni cómo vamos a vivir una pérdida. Cada persona tiene la capacidad de revisar su propia historia y desarrollar nuevas formas de relacionarse consigo misma y con los demás. Sin embargo, comprender el contexto en el que hemos crecido puede ayudarnos a reconocer algunas de las ideas, recursos o estrategias que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra vida.

Por eso, dentro de un proceso de acompañamiento del duelo, en algunos momentos puede ser interesante preguntarnos qué aprendimos en nuestra familia sobre el dolor, cómo se vivían las despedidas, si había espacio para expresar determinadas emociones o qué acontecimientos importantes forman parte de nuestra historia familiar.

No se trata de buscar culpables ni de responsabilizar a quienes nos precedieron de aquello que vivimos hoy. Se trata de mirar con mayor amplitud el contexto que nos ha configurado y reconocer que nuestra historia personal también se ha ido construyendo en relación con otras historias.

Las pérdidas y experiencias que forman parte de la historia familiar

Todas las familias atraviesan acontecimientos que dejan una huella en quienes las componen. Algunas experiencias se recuerdan, se cuentan y pasan a formar parte del relato familiar. Otras, por diferentes circunstancias, pueden quedar poco nombradas o incluso silenciadas durante años.

Una muerte temprana, una migración, una separación, una ruptura familiar, una pérdida económica, un conflicto, una enfermedad o cualquier acontecimiento que alteró profundamente la vida de una familia puede formar parte de esa historia compartida.

En ocasiones sabemos que algo ocurrió, pero apenas conocemos los detalles. Otras veces descubrimos, al preguntar o investigar nuestra propia historia, experiencias que nunca antes habían sido contadas.

Conocer estos acontecimientos no significa establecer una relación directa entre lo que sucedió entonces y lo que vivimos ahora. Sería simplificar en exceso algo tan complejo como la experiencia humana. Sin embargo, acercarnos a estas historias puede ayudarnos a comprender mejor el contexto familiar del que procedemos y las formas en las que determinadas personas tuvieron que afrontar sus propias pérdidas y dificultades.

Una persona que está atravesando un duelo, por ejemplo, puede descubrir que en su familia existieron otras pérdidas de las que nunca se habló. Otra puede reconocer que la experiencia de la migración, el desarraigo o la separación ha formado parte de varias generaciones de su historia.

En algunos casos, conocer estas experiencias puede abrir nuevas preguntas y ofrecer una perspectiva más amplia desde la que comprender nuestro propio recorrido.

El enfoque transgeneracional en el acompañamiento del duelo

El enfoque transgeneracional se interesa por la influencia que pueden tener la historia familiar, los vínculos y las experiencias vividas por generaciones anteriores en nuestra manera de comprender el mundo y relacionarnos con determinadas situaciones.

No se trata de afirmar que heredamos de forma automática los conflictos o el sufrimiento de nuestros antepasados, sino de reconocer que formamos parte de una continuidad histórica y familiar.

En el acompañamiento del duelo, esta mirada puede ser especialmente interesante cuando nos ayuda a comprender algunas de las resonancias que aparecen durante el proceso. Quizá descubrimos que en nuestra familia existía una determinada manera de afrontar las pérdidas, que algunas emociones eran difíciles de expresar o que determinados acontecimientos nunca tuvieron un espacio para ser nombrados o recordados.

La mirada transgeneracional puede convertirse entonces en una herramienta de exploración y crecimiento personal. Nos permite preguntarnos qué hemos recibido, qué recursos encontramos en nuestra propia historia y qué formas de relacionarnos con el dolor queremos revisar o transformar.

Esto no significa buscar una causa oculta detrás de cada emoción ni intentar explicar nuestro presente únicamente a través del pasado. El objetivo no es llegar a conclusiones como «me ocurre esto porque le ocurrió aquello a mi abuela», sino comprender que nuestra experiencia actual se desarrolla dentro de una historia mucho más amplia, en la que conviven nuestra propia biografía, nuestras relaciones y el contexto familiar del que procedemos.

Comprender nuestra historia para vivir con mayor conciencia

Mirar hacia nuestra historia familiar no significa quedarnos atrapados en el pasado. En realidad, cuando este trabajo se realiza desde una mirada respetuosa, puede ayudarnos precisamente a relacionarnos con nuestra historia de una manera más consciente y libre.

A veces, al conocer mejor las circunstancias que vivieron nuestros padres o abuelos, podemos comprender que determinadas decisiones o formas de actuar respondían a los recursos y posibilidades que tenían en aquel momento. Esto no implica justificar todo lo sucedido ni negar aquello que nos ha causado dolor. Comprender y justificar no son lo mismo.

También puede ocurrir que descubramos recursos, capacidades y formas de resiliencia que forman parte de nuestra historia familiar y que hasta ese momento no habíamos reconocido.

La mirada transgeneracional no tiene por qué centrarse únicamente en el sufrimiento o en aquello que quedó pendiente; también puede ayudarnos a reconocer los recursos que hemos recibido y las capacidades que han permitido a nuestra familia atravesar diferentes momentos de dificultad.

El crecimiento personal puede comenzar, en ocasiones, cuando dejamos de relacionarnos con nuestra historia únicamente desde la repetición o el rechazo y empezamos a preguntarnos qué queremos hacer hoy con todo aquello que hemos recibido.

Podemos reconocer nuestra procedencia sin sentirnos obligados a repetirla, conservar aquello que nos ayuda y desarrollar nuevas formas de vivir que estén más acordes con quienes somos.

Un acompañamiento personalizado para comprender tu proceso de duelo

Si estás atravesando una pérdida o un momento de cambio y sientes que necesitas comprender mejor lo que estás viviendo, un proceso de acompañamiento individual puede ofrecerte un espacio para detenerte y atender tu experiencia de una manera más personalizada.

Desde una mirada integradora y transpersonal, podemos trabajar las diferentes dimensiones de tu proceso de duelo, teniendo en cuenta tus emociones, tu historia de vida, tus vínculos y, cuando sea significativo para tu propio proceso, también algunos aspectos relacionados con tu historia familiar y el enfoque transgeneracional.

No se trata de buscar en el pasado una explicación para todo lo que ocurre en el presente. Se trata de comprender mejor el contexto que nos ha configurado, reconocer nuestros propios recursos y encontrar nuevas formas de relacionarnos con aquello que estamos viviendo.

Comprendiendo tu duelo: acompañamiento individual

Comprendiendo tu duelo es un programa individual de acompañamiento en el que podemos trabajar de forma personalizada diferentes aspectos de tu proceso, incluyendo, cuando tenga sentido para ti, la exploración de la historia familiar y de aquellas experiencias que puedan ayudarnos a ampliar la comprensión de tu momento vital.

4 sesiones individuales de 90 minutos.
Acompañamiento personalizado durante 4 semanas.
Presencial en A Coruña u online.
Una mirada integradora al duelo, la historia personal, el enfoque transgeneracional y el crecimiento personal.

También puedes comenzar con una o dos sesiones individuales y, si posteriormente decides continuar con el programa, podremos valorar cómo dar continuidad al proceso.

Si estás atravesando un proceso de duelo o una pérdida y sientes que necesitas un espacio para comprender mejor lo que estás viviendo, puedes escribirme. Estaré encantada de escucharte y valorar contigo qué tipo de acompañamiento puede ser más adecuado para ti.

Elisabet Ros · Terapeuta transpersonal y especialista en duelo y pérdida